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“Ayudar en países tan pobres te cambia muchísimo cómo eres y la forma de ver la vida”

Cristina Molina no es una chica común. Tanto es así que no tiene ni WhatsApp en su móvil para estar “más atenta a todo lo que me rodea y no perder el tiempo”. Lo cierto es que esta joven sevillana de 19 años demuestra una madurez envidiable a su edad y desde bien temprano no ha querido permanecer impasible ante las dificultades de los más necesitados

Molina comenzó con tan solo 12 años a realizar acciones de voluntariado y a los 18 viajó hasta Croacia para ayudar durante dos meses a la Cruz Roja. Hace solo medio año cruzó el Atlántico para realizar el viaje que le ha marcado de por vida: ayudar al Padre Jota en su misión en una región humilde de Perú, Hualmey.


La misión del Padre Jota

El párroco Juan Fernández-Salvador, conocido como Padre Jota, lleva 6 años en una región desfavorecida de Perú, a 150 km de Lima, ayudando a cubrir las necesidades de la población. Allí, su parroquia ha puesto en marcha tres colegios: uno de primaria, otro de secundaria y un tercero para discapacitados. A esto se le suma un centro de oficios, un comedor social y un centro médico. El último año, además, ha puesto en marcha un centro de rehabilitación centrado en el colectivo más marginado: los niños con discapacidad.

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